Ojalá pudiera aguardar en un frasco el aroma de la lluvia al caer a la tierra. Ese olor que a todos nos gusta y nos fascina y que resulta algo difícil de describir, pero para mi es una mezcla de aroma dulce como hierba, terroso como tierra, exuberante, un toque salado, fresco y verde, como a vida floreciente.

El olor se produce al caer la lluvia en los suelos secos, equivalente al popular «tierra mojada» o simplemente «olor a lluvia» se llama petricor. Se define como «el distintivo aroma que acompaña a la primera lluvia tras un largo período de sequía».

Es una palabra formada a partir del griego πέτρα pétra ‘piedra’ e ἰχώρ icór ‘icor, sangre de los dioses homéricos’. En la mitología griega se dice que el petricor es la esencia que corre por las venas de los dioses en lugar de sangre.

Algo de historia

El término petricor, petrichor en inglés, fue creado en 1964 por dos geólogos australianos, Isabel Joy Bear y R. G. Thomas. Apareció por primera vez en la revista Nature En su artículo, los autores lo describieron como «el olor que deriva de un aceite exudado por ciertas plantas durante periodos de sequía».

Este aceite queda absorbido en la superficie de las rocas, principalmente las sedimentarias, como las arcillosas, y al entrar en contacto con la lluvia es liberado en el aire junto con otro compuesto, la geosmina. La geosmina es un producto metabólico de ciertas actinobacterias. La emisión de estos compuestos es lo que produce el distintivo aroma, al que se puede sumar el del ozono si adicionalmente hay actividad eléctrica.

En un trabajo posterior, Bear y Thomas (1965) demostraron que estos aceites aromáticos retardan la germinación de las semillas y el crecimiento de las plantas. Esto podría indicar que las plantas exudan estos aceites con la finalidad de proteger a las semillas, evitando que germinen en épocas de sequía.

Después de periodos de sequía en zonas desérticas, el olor es mucho más perceptible y penetrante cuando llega el periodo de lluvias. Por su compleja composición (más de cincuenta sustancias), el petricor no ha podido ser sintetizado.

En 2015, científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) utilizaron cámaras de alta velocidad para mostrar cómo este olor se introduce en el aire. Para esto filmaron gotas de lluvia cayendo en dieciséis superficies diferentes, variando la intensidad y altura de la caída.

Descubrieron que, al golpear una superficie porosa, se crean pequeñas burbujas dentro de la gota. Estas aumentan de tamaño y flotan hacia arriba. Al alcanzar la superficie, se rompen y liberan una «efervescencia de aerosoles» en el aire, los cuales transportan el aroma.

El apego al aroma de la lluvia es como un recuerdo antiguo con el que ya nacimos. Está en nuestros genes. Lo sentimos profundamente, tal como lo hicieron nuestros antepasados, a pesar de que la mayoría de nosotros ya no estamos conectados con la tierra muy de cerca y no cultivamos nuestra propia comida o ganado.

Aunque no necesariamente somos conscientes de ello, el aroma evoca una antigua promesa de abundancia, por lo que anhelamos respirar profundamente. Nos pone nostálgicos, naturalmente.

Bibliografía

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Petricor

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