Un equipo de investigación liderado por el MIT desarrolló una cápsula de medicamento que podría usarse para administrar dosis orales de insulina.

La cápsula del tamaño de un arándano contiene una pequeña aguja hecha de insulina comprimida, que se infunde una vez que la tableta llega al estómago.

En pruebas en animales, un grupo de investigación dirigido por MIT demostró que podían administrar suficiente insulina para disminuir el azúcar en la sangre a niveles comparables a los producidos por las dosis administradas a través de la piel.

El dispositivo, detallado en un artículo publicado esta semana por la revista Science , también podría adaptarse para administrar otros fármacos proteicos.

“Tenemos muchas esperanzas de que este nuevo tipo de cápsula pueda algún día ayudar a los pacientes diabéticos y quizás a cualquiera que requiera terapias que ahora solo pueden administrarse mediante inyección o infusión”, dijo el coautor del estudio Robert Langer, del Instituto Koch para la Investigación Integrativa del Cáncer del MIT. Dicho en un comunicado.

En 2014, Langer, el científico Giovanni Traverso, y sus colegas desarrollaron una píldora similar , cubierta con muchas agujas pequeñas que podrían inyectar medicamentos en el revestimiento del estómago o del intestino delgado.

Desde entonces, han reducido ese diseño a una sola aguja, unida a un resorte, sujeta por un disco de azúcar. La idea es que, una vez tragada, el agua en el estómago disuelve el azúcar, liberando el manantial e inyectando la aguja en la pared del estómago.

No hay receptores de dolor en el revestimiento del órgano, por lo que los pacientes no deben sentir nada.

Los investigadores diseñaron su sistema para que, sin importar cómo caiga la cápsula, se oriente por sí mismo y la aguja esté en contacto con la pared del estómago.

“Tan pronto como lo tome, el sistema se auto-ajusta de manera que pueda asegurar el contacto con el tejido”, dijo Traverso.

“Además, si una persona se moviera o el estómago creciera, el dispositivo no se movería de su orientación preferida”, agregó Alex Abramson, estudiante graduado del MIT y primer autor del estudio.

Una vez inyectada, la insulina se disuelve a una velocidad predeterminada, controlada por científicos que preparan la cápsula.

La mayoría de los casos diagnosticados de diabetes (75 a 85 por ciento) se clasifican como de tipo 2, que suelen aparecer más adelante en la vida (de ahí su título de “inicio en la edad adulta”), cuando el cuerpo deja de producir suficiente insulina para satisfacer las crecientes demandas de aumento de peso.

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